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| La Autoestima de Nuestros Hijos |
| Jueves 21 de Octubre de 2010 10:59 |
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Por Gabriel Genri | Gran parte del discurso sobre prevención de adicciones habla de fortalecer la autoestima de nuestros hijos, pero poco dicen sobre las maneras de lograrlo. Con más preguntas que respuestas decidí hacer este post como una forma de impulsar el debate sobre el tema.
Lejos de contar con una sólida formación académica sobre el tema. Voy a hablarles desde mi experiencia y las reflexiones que tenemos con mi pareja al respecto. Como padres que fuimos hijos, nuestro accionar siempre toma como referencia a nuestros propios padres. Aceptar que muchas decisiones o posturas frente a la vida que mantenemos con mi esposa, eran parte de un actuar a favor o en contra de nuestros mandatos paternos, para nosotros fue revelador. Esto nos llevó a prestar especial cuidado a una serie de conductas como la sobreprotección y el dejar hacer. Como ambos fluctuábamos entre estos dos polos, optamos por una salida intermedia que consiste en alentar a nuestros hijos a buscar las soluciones a los problemas cotidianos que enfrentaban. Ayudándolos a apreciar que siempre existe un amplio abanico de soluciones frente a un mismo problema y que ellos pueden optar entre ellas, teniendo presentes las consecuencias de su decisión. Muchas veces, las elecciones que tomaron, los condujeron a situaciones donde tuvieron que vivenciar el dolor y otras tantas, se dieron con el hecho de que los resultados no eran los esperados y tuvieron que aprender a lidiar con la frustración. Estos fueron momentos de decisión que hoy los vivo como claves dentro de mi pareja. Porque implicaron debatir como padres las actitudes a tomar. Nuestros hijos sufrían un dolor real. ¿Qué hacer?, ¿Corremos a socorrerlos en su angustia o les acercamos herramientas para lidiar con ella?. Optamos por esta última, con el convencimiento de que debíamos prepararlos para caminar solos por la vida y que el autoconocimiento de nuestros propios sentimientos era un arma esencial para lograrlo. En esto, trabajamos mucho en la posibilidad de que ellos pudieran ponerle un nombre a lo que sentían: dolor, culpa, frustración, impotencia, bronca, tristeza, alegría. Y en familia comentábamos las formas particulares que tienen papá y mamá para salir de un estado de tristeza o para expresar la bronca. Este poder de significación de lo que les pasaba, creo que fue crucial en sus vidas. Y el Juego de ¿Qué Hacer? No solo les dio la seguridad de que el estado anímico podía revertirse, presiento que les dio una dimensión real del poder que tienen sobre sus propias vidas. A veces, me río mucho cuando los descubro jugando con las mismas herramientas que les hemos brindado. Porque ante un conflicto entre hermanos, más allá de las siempre vigentes peleas. Llega un momento, donde uno le pregunta al otro sobre lo que siente. Y hablan entre ellos con naturalidad sobre sus sentimientos: Me hiciste tal cosa, y me hizo sentir esto, dice uno. Y el otro responde con un: No fue esa mi intención, me perdonas. Con mi esposa creemos que el camino recién empieza, nuestros niños son apenas cachorritos, pero junto a ellos hemos aprendido una lección crucial: No podemos fortalecer la autoestima de nuestros hijos, si nosotros mismos no aprendemos a valorarnos. Esto nos llevó a lo largo de los años en pareja a implementar un ejercicio que supe aprender en una Comunidad Terapéutica. Es sencillo y muy práctico, solo se trata de escribir en un papel, las cosas que nos valoramos como personas. La primera vez que lo hice, anduve tres días con un papel en blanco y una lapicera en la mano. Hoy, soy feliz al ver volcado en el papel el hombre en el que me convertí. Bueno, espero les haya servido. Me quedaron algunas cosas en el tintero. Pero ya habrá tiempo de compartirlas. |