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Se está consumiendo en Pinamar, Villa Gesell y San Bernardo. Los vecinos hablan de fiestas y maratones sexuales. También cuentan que en las playas y departamentos alquilados el descontrol es total, incluso con menores alcoholizados. Expertos piden mayor responsabilidad a los padres y controles oficiales efectivos.
Por Maximiliano F. Montenegro - Diario Popular - 24-01-2010.- Los controles son mayores, la presencia policial creció, pero el descontrol en la costa continúa representando un verdadero problema. Peleas callejeras, abuso de alcohol, drogas peligrosas y mucho sexo, en las playas o viviendas alquiladas. En verano los chicos se toman vacaciones de todo, incluidas las responsabilidades y cuidados.
Pero esta temporada el desafío pasa por “aguantar”, entonces los jóvenes recurren a una explosiva mezcla tóxica, compuesta por pastillas de diseño para ir a bailar, luego cocaína para bajar la “elevación” y finalmente viagra, para consumar las relaciones íntimas. El nocivo pack se conoce como “séxtasis”.
Así lo reveló a DIARIO POPULAR Claudio Izaguirre, titular de la Asociación Antidrogas de la República Argentina, para quien “la consecuencia del uso de séxtasis se relaciona a una multiplicidad de relaciones sexuales ocasionales, sin control, ni cuidados, que llevan a contraer distintas enfermedades venéreas o virósicas muy graves”.
“Los chicos de ambos sexos van a la playa a divertirse, y dejan en sus casas la mochila del estudio, el compromiso y las responsabilidades. El objetivo es aguantar y hacer todo lo que puedan. Duermen unas cuatro horas por día de promedio, entonces requieren de ayuda tóxica. Así, para ir a bailar toman éxtasis, para bajar la euforia consumen cocaína, luego fuman marihuana para relajarse completamente y finalmente, para relacionarse sexualmente, apuestan al viagra. Esto es muy nocivo y peligroso”, alertó el experto.
Cóctel escandaloso
Los jóvenes, como todos los veranos, se concentran en las localidades de Pinamar, Villa Gesell y San Bernardo, con boliches y pubs donde hay diversión asegurada. Hacia allí, también, van los dealers de drogas. Esta temporada, según explicó el comisario Fabián Casanova, titular de la División Dolores de la Superintendencia de Investigaciones del Tráfico de Drogas Ilícitas, la demanda de estupefacientes pasa por el éxtasis, el LSD y la brolanfetamina (pastilla del miedo). Pero también hay un aceitado sistema de delivery de alcohol. Y el cóctel es escandaloso.
Amalia Altieri, vecina de Pinamar, trazó un panorama oscuro. “Los pibes salen de los boliches y orinan en las veredas, se pelean, gritan, causan desmanes, rompen cosas -relató-. Van a la playa y mantienen relaciones sexuales en la arena, entre los arbustos de los médanos o en las carpas de los balnearios. Hay edificios con departamentos donde se arman fiestas tremendas, entran y salen chicas. Vomitan en todos lados, se descomponen o se quedan dormidos”.
Altieri también explicó que “se habló mucho para prevenir todo esto, pero no se cumple, porque los horarios de ingreso y salida de boliches no se respetan, y los menores siguen comprando bebidas en la calle”, agregando que “muchas veces, los propios vecinos llevamos a las guardias a chicas de 12, 13 años totalmente borrachas o drogadas, que estuvieron con grupos de muchachos”.
“Es muy doloroso y triste lo que vemos. A veces tengo ganas de sacar fotos y mostrarlas a los padres de estos chicos. Las familias tienen que entender que no pueden desligarse así de sus hijos. Están a merced de cualquier cosa, todas negativas y muy peligrosas”, dijo Altieri a este diario.
Maratones sexuales
En tanto, Izaguirre comentó: “Durante el verano, cuando los chicos están solos, juegan con la sexualidad. Se animan a probar otras experiencias. Usan las drogas y el alcohol para superar los miedos. Hay que decir que una pareja que tiene sexo, también lo tiene con todos aquellos con los que previamente intimaron. Esto multiplica los riesgos”.
Un vecino de Pinamar, que pidió reserva, contó que en su edificio, ubicado en la céntrica avenida Bunge, “se organizan fiestas todos los días, que comienzan a las 5 de la madrugada de promedio, y donde claramente hay orgías y maratones sexuales, porque van tirando los preservativos por la ventana”.
En ese marco desenfrenado, aparece el séxtasis. “Para poder disfrutar con la dimensión que ellos esperaban antes de viajar se meten pastillas de éxtasis, más cocaína cuando quieren bajar la ansiedad, marihuana para el relax y viagra para relacionarse sexualmente. Esto deriva en pura promiscuidad, en el amplio sentido de la palabra. La recomendación a los padres es que lleven a sus hijos al hospital cuando vuelvan de vacaciones y les hagan chequeos de sangre, para evitar dramas”, cerró Izaguirre.
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