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El periodista David Gallo, informó hoy a través del diario La Nación, que en los últimos diez años creció un 62 por ciento el consumo de drogas ilegales entre los estudiantes secundarios argentinos. La encuesta realizada por el Instituto Superior de Ciencias de la Salud, reveló que del 8,98% de adolescentes que en 1999 reconocieron usar estupefacientes se pasó al 14,60% el año pasado.
El Instituto Superior de Ciencias de la Salud realiza desde hace una década sondeos anuales entre alumnos de los últimos años de la secundaria. El año pasado fueron 2752 jóvenes los que respondieron el cuestionario, que abarca preguntas sobre diversos hábitos sociales. El consumo de alcohol también tuvo un crecimiento, que fue del 26%: pasó del 61% en 1999 al 77% en 2008.
La muestra fue tomada entre alumnos de la Capital y de Buenos Aires. Desde 1999, el instituto encuestó a más de 35.000 adolescentes. La comparación de resultados anuales cuantifica el problema que significa el consumo de drogas, con una demanda que crece en usuarios año tras año.
El trabajo de la entidad, que es dirigida por Claudio Santa María, también aporta un dato revelador sobre los beneficios de fuertes campañas de desaliento social al uso de ciertos hábitos. Porque la tendencia del uso de tabaco marca un claro retroceso, del 33 por ciento de los alumnos que indicaron haber fumado en 1999 al 26 por ciento que aceptó hacerlo en 2008.
A diferencia del consumo de drogas ilegales, circunstancia favorecida por cierta permisividad en la sociedad, las sucesivas trabas colocadas a los fumadores aparecen replicadas en esa disminución del tabaco entre los jóvenes.
Diferente es el caso de las drogas ilegales. En 2007 habían sido el 13,38 por ciento de los encuestados los que reconocieron consumir estupefacientes. Ese año marcó un quiebre, ya que hasta entonces el porcentaje de chicos vinculados con las drogas no pasaba el 10 por ciento.
El salto puede deberse, para los investigadores, a dos hechos igualmente preocupantes. Por un lado, una mayor demanda, y por otra parte, la sensación adolescente de que ya no es un tema tabú reconocer el uso de drogas. Esto último llevaría a más jóvenes a relatar sin timidez sus experiencias.
FUENTE: La Nación, pág. 1, 8/10/09 – Daniel Gallo
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