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| Buenos Aires:Copan dos casillas y obligan a las familias a vender droga |
| Jueves 04 de Febrero de 2010 05:23 |
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La periodista Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla lo informó este jueves para Clarín. Los narcos mantuvieron secuestradas a 9 personas. Ocurrió en un asentamiento de La Paternal llamado "La Carbonilla" (foto). Los atacantes querían instalar un "kiosco" de cocaína en Capital. Una mujer escapó con un bebé y llamó a la Policía, que los liberó. Pero aún buscan a un rehén. Por su parte, el periodista Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla , hizo un breve repaso de los últimos diez años de noticias sobre el narco en Argentina. Leé por las buenas y por las malas La banda de dealers venía de José C. Paz y quería instalarse en Capital para hacer base y vender droga en la zona. Entonces decidieron "copar" las casillas de dos familias en un barrio precario de La Paternal y mantener secuestrados allí a sus miembros para obligarlos a vender droga. Todo empezó el lunes, cuando una docena de narcos se instaló en el asentamiento "La Carbonilla", pegado a las vías del ferrocarril San Martín, y se adueñó de un par de casas humildes donde había dos familias enteras con varios chicos. Las amenazaron con armas y les prohibieron salir. Hasta que el martes a la noche, en un descuido de los delincuentes, una de las mujeres logró escaparse con un bebé en brazos y avisó a un patrullero de la Policía Federal lo que estaba pasando en su casa. Las familias fueron liberadas y cuatro de sus captores terminaron detenidos. Sin embargo, ayer la Policía seguía haciendo rastrillajes en el lugar buscando a uno de los padres de las familias amenazadas -un hombre de poco más de 30 años- a quien los delincuentes se llevaron cuando los agentes entraron a la villa. Según su familia, los narcos le habían dado una fuerte paliza porque se oponía a seguir sus órdenes. Temen que los narcos lo hayan dejado herido en la huida o se lo hayan llevado de rehén. Es la primera vez, según fuentes policiales, que una banda decide montar de esta forma un "kiosco" de drogas en la Capital. Sí hay antecedentes de enfrentamientos para ver quién maneja la venta de drogas en las villas, como sucedió en el Bajo Flores. O de "aprietes" que recibieron algunos vecinos del conurbano, por ejemplo en Luis Guillón, para que vendan droga en sus barrios. Según contaron fuentes policiales a Clarín, el lunes una banda que llegó del Gran Buenos Aires se instaló en una casa donde vivían dos familias (en total nueve personas, entre ellas cuatro chicos). Allí, según contaron las víctimas, primero las amenazaron con armas y después las maniataron. "Si no venden para nosotros se las van a ver mal", aseguran que les dijeron, y les prohibieron salir de sus propias casas. "La idea de esta gente era instalarse ahí bajo amenaza, y obligar a la gente a que venda para ellos, incluso a clientes de afuera de la villa. El grupo era numeroso. Creen que en un momento llegaron a contabilizar más de una docena de personas que se iban turnando para tenerlos vigilados y evitar que se escaparan", explicó una fuente del caso. En un momento en que sólo había quedado la mitad de los narcos en la casa y aprovechando un descuido, una de las mujeres escapó del encierro y avisó a un patrullero lo que le había pasado. "Esa señora advirtió que los delincuentes tenían armas y chalecos antibalas", apuntó la fuente. Fue con ese detalle que los policías de la Federal rodearon el asentamiento e irrumpieron en las casillas para liberar a las familias. Sin embargo, cuando escuchó que los policías entraban, parte de la banda salió corriendo y se escabulló entre los pasillos internos. Según una de las víctimas, en la huida los ladrones se llevaron a uno de los dueños de casa, a quien antes habían golpeado porque no quería cumplir sus órdenes. "No sabemos qué pudo haber pasado con el hombre", dijo un policía. Fue por eso que ayer al mediodía la Policía volvió a La Carbonilla para hacer rastrillajes por tierra, con el apoyo incluso de un helicóptero, en busca de esa persona, quien hasta anoche no había sido hallada. Tras el primer allanamiento, la Policía detuvo a cuatro narcos, dos hombres y dos mujeres, todos mayores de edad. A uno de ellos se le cayó una mochila en la que se encontraron siete armas, entre ellas una pistola 9 milímetros perteneciente a la Policía Bonaerense. Además, las fuentes precisaron que los delincuentes tenían chalecos antibalas con la inscripción de la misma fuerza. En las casillas también se secuestraron "tizas" y envoltorios de cocaína fraccionada para su venta minorista. La causa quedó en manos del juez federal porteño Rodolfo Canicoba Corral. Vecinos Acorralados por la Contaminacvión y el Narco
Los propios vecinos bautizaron la villa que habitan hace años como “La Carbonilla”. En este asentamiento del barrio de La Paternal no se puede respirar: el olor a humo se filtra en las casas enclenques y sobrevuela la calle, que es un basural abierto. Son unas 200 personas las que viven a metros de un depósito de carbón a cielo abierto en La Paternal; además, por su trabajo de cartoneros, queman cobre que también intoxica el aire; dicen padecer enfermedades respiratorias crónicas En la entrada, un portón conduce a un depósito de carbón que fue clausurado porque el Gobierno de la Ciudad comprobó que la calidad del aire excedía en un 400% los niveles de contaminación admitidos. Pero los vecinos del lugar cuentan, lejos de las cámaras, que la empresa continúa con sus actividades en horas de la madrugada. Esa misma sospecha deslizaron desde el gobierno porteño. “Los días de viento vuela tanto polvo que acá no se puede respirar. Los chicos tienen que estar adentro porque ya muchos están enfermos por esta porquería que vuela”, dice Cecilia, una de las 200 personas que desde hace años se fueron instalando al costado del camino que conduce al depósito de carbón a cielo abierto. Cuenta que también el agua está contaminada: “De la única canilla que tenemos, acá en la calle, el agua sale negra”. Sin embargo Yamila, otra de las vecinas que se anima a conversar con el micrófono encendido, hace una crítica al propio barrio. “Nosotros mismos nos contaminamos. Somos cartoneros, tenemos que trabajar de esto y por eso hay tanta basura”, reconoce. Admite que, cuando por la tarde se quema cobre, el aire se vuelve irrespirable. “Pero estamos entre eso y no comer. Los chicos se nos enferman, pero es nuestro medio de vida, ¿viste?”, y con la pregunta parece disculparse. Los demás asienten. Los chicos juegan cerca de la basura, cada tanto levantan sus manos sucias y saludan a la cámara. Sonríen, ajenos a todo. Vía: La Nación |