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El cannabis es la droga ilegal más consumida entre el alumnado universitario de la localidad española de Córdoba, de acuerdo con el estudio sobre drogodependencias y adicciones realizado por la Universidad de Córdoba (UCO) y presentado ayer viernes en la institución académica. Le siguen la cocaína y los alucinógenos. Llama la atención que los estudiantes se inician en la ingesta de estas sustancias durante la carrera universitaria y que el hábito crece curso tras curso.
Uno de cada cinco estudiantes fuma esta sustancia. De ellos, un 4,4 por ciento lo hace de forma habitual y una 16,5 por ciento se definen como consumidores esporádicos. Los estudiantes que toman cannabis perciben que su hábito conlleva riesgos de salud y legales, aunque no valoran el peligro en el mismo grado que aquellos que no lo consumen.
El segundo lugar en el ránking de las drogas ilegales es para la cocaína, aunque en porcentajes muy inferiores al cannabis. El 2,6 por ciento de los 1.011 alumnos encuestados para el estudio admite haber probado esta droga en alguna ocasión. El 0,1 por ciento son usuarios habituales y el 2,5, esporádicos.
Al igual que ocurre con el cannabis, los consumidores de esta sustancia son conscientes de los riesgos que conlleva para su salud. Y en ambas drogas, los habituales se iniciaron entre los 15 y los 18 años, antes de llegar a la Universidad, y han proseguido con el hábito una vez iniciados los estudios universitarios.
Durante la carrera
En cuanto al resto de sustancias ilegales, su presencia en el estudio es casi testimonial. Un 0,7 por ciento come alucinógenos como LSD25, mescalina y hongos (el 0,1 por ciento de forma habitual) y un 7,6 por ciento toma algún tipo de psicofármaco (sólo el 0,3 por ciento señala la heroína).
No obstante, llama la atención que los estudiantes se inician en la ingesta de estas sustancias durante la carrera universitaria y que el hábito crece curso tras curso. Así, la edad de inicio en los alucinógenos se sitúa entre los 18 y los 21 años, mientras que en los psicofármacos la franja de edad con mayor consumo se sitúa entre los 21 y los 26 años.
Los que coquetean con estas drogas admiten que su hábito puede causarles problemas legales y de salud, aunque los que no las toman tienen una percepción más alta del peligro de las mismas.
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